lunes, 30 de agosto de 2010

Ideas, preguntas.... sobre clase 1 seminario 1 Lacan

A los alumnos les toca buscar la respuesta a sus propias preguntas.

Con el psicoanálisis sucede como con el arte del buen cocinero que sabe cómo trinchar el animal, cómo separar la articulación con la menor resistencia. Se sabe que existe, para cada estructura, un modo de conceptualización que le es propio. Mas como se entra así en el sendero de las complicaciones, hay quienes se atienen a la noción monista de una deducción del mundo. Así, uno se extravía.

Es preciso entender que no disecamos con un cuchillo, sino con conceptos.

..en el análisis no sólo está el paciente...

Fenomenológicamente, la situación analítica es una estructura, es decir que sólo gracias a ella son aislables, separables, ciertos fenómenos. Es otra estructura, la de la subjetividad, la que crea en los hombres la idea de que pueden comprenderse a sí mismos.

Ser neurótico puede pues ser útil para llegar a ser un buen psicoanalista, y al comienzo, esto le sirvió a Freud.

Como el buen cocinero, tenemos que saber qué articulaciones, qué resistencias encontramos.

El ideal del análisis no es el completo dominio de sí, la ausencia de pasión. Es hacer al sujeto capaz de sostener el diálogo analítico, de no hablar ni demasiado pronto, ni demasiado tarde. A esto apunta un análisis didáctico.

¿Cuál es el sentido[en la vertiente de la dirección]? ... Si no vienen aquí a fin de cuestionar toda su actividad, no veo por qué están ustedes aquí.

Alertar al practicante inexperto, confusiones
cuales son las reglas prácticas y en qué consiste
y cual es la esencia.

Lo esencial de pensar la transferencia.

¿En qué consiste la experiencia germinal de Freud?

...

Las reglas prácticas como un instrumento,

Particularmente, la soltura con que encara el problema de las reglas prácticas que se deben observar, nos permite ver en qué medida ellas eran, para Freud, un instrumento, en el sentido en que se dice una herramienta hecha a medida. En suma dice, está, hecha a la medida de mi mano, y así es como yo suelo agarrarla. Otros quizá preferirían un instrumento ligeramente diferente, más adecuado a su mano. Encontrarán pasajes que expresan esto aún más netamente de lo que yo lo hago en esta forma metafórica.
La formalización de las reglas técnicas es tratada así en estos escritos con una libertad que por sí sola es enseñanza suficiente, y que brinda ya en una primera lectura su fruto y recompensa. Nada más saludable y liberador. Nada muestra mejor que la verdadera cuestión se halla en otro lado.

Hasta ahora he enfocado siempre este comentario de Freud en función de la pregunta ¿qué hacemos cuando hacemos análisis?


Ignoro si la Mayoría de ustedes- espero que al menos una parte sí- ha tomado conciencia de lo siguiente. Cuando, hoy en día- me refiero a 1954, este año tan joven, tan nuevo- observamos cómo los distintos practicantes del análisis piensan, expresan, conciben su técnica, nos decimos que las cosas han llegado a un punto que no es exagerado denominar la confusión más radical. Les informo que, actualmente, entre quienes son analistas y piensan (lo que ya restringe el círculo) no hay quizás ni uno que, en el fondo, esté de acuerdo con sus contemporáneos o vecinos respecto a lo que hacen, a lo que apuntan, a lo que obtienen, y a lo que está en juego en el análisis.

Podemos decir que Freud llega allí ­pero se siente claramente en muchos otros puntos de su obra­ a una concepción que emergía en los seminarios que realizamos el último trimestre, y que es aproximadamente la siguiente: que el sujeto reviva, rememore, en el sentido intuitivo de la palabra, los acontecimientos formadores de su existencia, no es en sí tan importante. Lo que cuenta es lo que reconstruye de ellos.

xisten sobre este punto fórmulas sorprendentes. Después de todo ­escribe Freud­ Traüme, los sueños, sind auch erinnern, son también un modo de recordar. Incluso llegar a decir que los recuerdos encubridores mismos son, después de todo, representantes satisfactorios de lo que está en juego. Es cierto que en su forma manifiesta de recuerdos no lo son, pero si los elaboramos suficientemente nos dan el equivalente de lo que buscamos.

Diré, finalmente, de qué se trata, se trata menos de recordar que de reescribir la historia.


Sin duda, pueden formularse las cosas de modo más amplio, con suficientes matices como para dar cabida a la pluralidad expresiva, como lo hace una persona que ya nombré aquí, y que escribió sobre técnica. Pero, a fin de cuentas, todo se reduce a esto. Singulares incidencias resultan de ello, que podremos evocar cuando comentemos los textos freudianos.[distancia tensión complejidad entre la práctica y lo que se teoriza de ella]

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